16 de abril de 2015

SABER AGRADECER




El agradecimiento es un sentimiento que todo humano debería saber experimentar e incentivar a otros para que sepan demostrarlo ante los demás. Porque todos sabemos que más allá de los éxitos y fracasos que obtengamos, todos “somos” gracias a otras personas a quienes nos debemos.

La primera opción generalmente son los padres, a quienes debemos agradecer no sólo la existencia, sino también, y más importante, la educación. Porque, ¿qué sería de nosotros si existiésemos sin valores?. Y en la educación, está el valor de saber agradecer aquello que otros hacen por nosotros o para ayudarnos a que sepamos ser y sepamos conseguir nuestros logros.

Como segunda opción, siempre tendremos que guardar agradecimiento para algún maestro, un profesor que nos supo enseñar cómo dar nuestros primeros pasos hacia el libre pensamiento sin el cual, no podríamos tener opción a ser diferentes y más completos.

En una ocasión leí que Quevedo dijo: “el agradecimiento es la parte principal de un hombre de bien”.  Quizá, porque él sabía que la condición humana inclina a los hombres y mujeres hacia el rencor en lugar del agradecimiento, ya que es más fácil recordar lo que nos ofende que aquello que nos ayudó a superarnos. O también en palabras conocidas de Thomas Moore:  “Los hombres suelen, si reciben un mal, escribirlo sobre el mármol; si un bien, en el polvo”.

También es normal para el hombre,   que sentamos la necesidad de que los demás nos muestren gratitud cuando creemos que hemos obrado de manera que al otro, le resulte más llevadero su trabajo, o su pesar. En este caso, lo que en principio habríamos realizado como una buena acción, pensando en el bienestar del otro,  se transforma en algo completamente interesado. Hay un dicho que dice que cuando se hace un favor o se comete una acción en interés de otros,  “quien da debe olvidarlo pronto y quien recibe, nunca”.

No obstante, suele suceder justo lo contrario: “Recordamos más a quién nos debe un agradecimiento,  que a quién debemos gratitud”.


El sentimiento de gratitud, es un valor que hay que adquirir y tanto padres como educadores deberíamos saber transmitirlo adecuadamente a nuestros hijos y/o alumnos, para que sepan mostrarse agradecidos siempre,  e intenten desahuciar de su genética al rencor. Si a quien nos ofende, en lugar de guardarle rencor, supiéramos agradecer el aprendizaje que nos aporta con su ofenda (TODA ACCIÓN, LLEVA IMPLÍCITA UN APRENDIZAJE), tal vez, habría  mejores personas a nuestro alrededor.

13 de abril de 2015

GRACIAS POR EXISTIR



                                   Como comenzamos yo no lo se
la historia que no tiene fin
ni como llegaste ser la mujer
que toda la vida pedí
Contigo hace falta pasión
y un toque de poesía
y sabiduría pues yo
trabajo con fantasías
Recuerdas el día que te cante
fue un súbito escalofrío
por si no lo sabes te lo diré
yo nunca deje de sentirlo
Contigo hace falta pasión
no debe de fallarnos
también maestría pues yo
trabajo con el corazón
Cantar a la noche no bastara
es poco para mi
si quiero decirte que nunca habrá
cosa más bella que tú
cosa más linda que tú
única como eres
inmensa cuando quieres
gracias por existir
Como comenzamos yo no lo sé
la historia que toca su fin
que es ese misterio que no se fue
lo llevo aqui dentro de mi
Serán los recuerdos que no
no dejan pasar la edad
serán las palabras pues yo
sabrás mil trabajos amor
Cantar con amor ya no bastara
es poco para mi
si quiero decirte que nunca habrá
cosa más bella que tú
cosa más linda que tú
única como eres
inmensa cuando quieres
gracias por existir
Cosa más bella que tú
cosa más linda que tú
única como eres
inmensa cuando quieres
gracias por existir
Gracias por existir
cosa más bella que tú
gracias por existir        ( Eros  Ramazzotti)



7 de abril de 2015

GRATITUD



Nací, ─como todos─
dependiente,
pero fui arroyo en crecida
y me hice arrogante
como altanero es el poder
y soberbio el ignorante;
luego me dio la vida
con las puertas en las narices
y descubrí los limos
de las escombreras
y las limaduras aceradas
y los posos de los pozos ciegos
donde la pus y el abandono.

Recuperé la inocencia
y crecí hacia lo sublime,
porque es de la nada
de donde la vida se hace vigorosa,
grandiosa a la par que sencilla;
aprendí a dar gracias,
a conocer las lindes
y la fragilidad de la insolencia…

Ahora doy gracias a diario
cada vez que al abrir los ojos
se anuncia en el claror del silencio
un nuevo día, envuelto
en el celofán de la precariedad,
como dádiva que puede
no tener prórroga.

La amistad me cabe
en el cuenco de la mano,
pero en respuesta esculpo plegarias
para agradecer tanto don.
La vida es un regalo inmenso
cuya condecoración es la muerte,
pero, en tanto se acicala,
doy gracias por cada una
de sus prórrogas.