Menudo tema del mes. He tratado de decidir cuál es la película que más me ha gustado y he encontrado docenas, sí, docenas; y no puedo pronunciarme por ninguna.
Igual me pasa con los actores: ¿quién me gusta más, Clint Eastwood, Robert de Niro, Robert Redford, Vittorio Gassman, Sean Connery, Clark Gable, Jean Gabin, Alberto Closa, Alberto Sordi, Jean-Paul Belmondo, Dick Bogarde, los hermanos Marx, Victor Mature, Emmil Jannings, Eric von Stroheim, Conradt Veidt, Peter Lorre, etc, etc? ¿Qué actriz: Penélope Cruz, Kate Winslet, Vanessa Redgrave, Michele Morgan, Giulietta Massina, Marilyn Monroe, Ingrid Bergman, Marlene Dietrich, María Félix, Greta Garbo, Hedi Lamarr, Jean Harlow?
Y si hablamos de géneros, ya ni cuento. ¿Cuál prefiero: el histórico, cine negro, drama, Western, cómico, adaptación teatral, neorrealismo, político, musical? ¿Y por países? Por regla general, el cine estadounidense se lleva la palma; pero si se mira despacio, empieza uno a ver que el cine italiano, el francés, el japonés, el indio, el chino, el inglés, el alemán, el soviético, el polaco y hasta el español tienen películas de primerísima línea.
Así que esa pregunta que suele plantearse en los medios de "¿cuál es la mejor película de todos los tiempos?" equivale a cuál sea la mejor novela o el mejor poema o el mejor cuadro: preguntas que no pueden contestarse porque no tienen respuesta salvo que haya visto uno tan pocas películas, leído tan pocas novelas o poemas, contemplado tan pocos cuadros y escuchado tan poca música que tenga uno la osadía de dar una respuesta. En cine, Ciudadano Kane suele aparecer en las quinielas del mejor film del mundo pero, sin restar méritos a esa espléndida película, sospecho que se debe a que la mayoría de los encuestados son estadounidenses.
Si se hiciera un sondeo equilibrando poblaciones, resultaría que la mejor película del mundo, probablemente, sería china o india y en Europa ni la conoceríamos. Es el problema de fiar la calidad artística a un criterio númerico.
Por eso está muy bien plantear la cuestión no en un terreno colectivo y "objetivo" sino en uno individual y subjetivo. Pero entonces resulta lo que decía al principio: ¿quién puede en serio decidir qué le parece mejor entre manifestaciones tan distintas, tan dispares e incomparables que cada una de ellas es única? ¿Qué tienen que ver Nacimiento de una nación y El séptimo sello fuera del hecho de que las dos son películas?
¿Qué Titanic y Shoah? ¿Qué American Beauty y La batalla de Argel? Al final esto es como la ruleta: se cierran los ojos y se pone el dedo subre un cuadro, a ver qué sale.
El cine es la forma de expresión del siglo XX, el modo en que la contemporaneidad se ha manifestado en toda su fuerza. Mucha gente de gran autoridad dice que el cine es arte e industria al mismo tiempo. Muy cierto: industria y comercio, lo que da a esa arte que es el cine una proyección inusitada. Pero casi nadie, que yo sepa, se ha preocupado por indagar qué tipo de arte es el cine y ahí hay una interesante respuesta porque el cine es un arte de artes o suma de las artes más algo más.
El cine es plástica pues incorpora la fotografía más la pintura, la escultura y la arquitectura; las leyes de la perspectiva, los encuadres, los planos, contraplanos, picados, etc son cuestiones todas ellas plásticas en relación dialéctica (de va y viene) con estas artes. También es -¡y cómo! música y no sólo porque haya decenas de pelis sobre compositores o géneros musicales sino porque prácticamente todas las pelis llevan banda sonora y casi todos los compositores de talento de hoy han hecho música para el cine y ello sin contar con que esa música de cine ha influido mucho en la evolución de los géneros musicales actuales.
También es artes escénicas: teatro, ópera, ballet; no únicamente porque las obras originalmente concebidas para estos géneros se hayan volcado -a veces repetidamente, piénsese en cuántas versiones hay de Romeo y Julieta- en el cine sino porque éste genera sus propias leyes escénicas, tanto en los musicales como en las pelis por así decirlo "en prosa".
Siete novias para siete hermanos es obviamente un musical, pero ¿qué es ¡Qué verde era mi valle!? ¿Exagero si digo que en parte era ballet? ¿Y Ana y el rey de Siam? El cine es, desde luego, literatura a mansalva. Más del sesenta por ciento de las pelis del mundo entero son adaptaciones de novelas; hasta el punto de que uno de los entretenimientos preferidos de los críticos cuando no tienen nada que decir es analizar en qué medida el film respeta o no respeta a tal o cual novela. Cuestión verdaderamente tediosa.
Quien haya leído Guerra y paz y visto la peli o lo mismo con Las uvas de la ira, por no hablar de Robinson Crusoe (de la que hay varias versiones, como de El extraño caso del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde, otro novela multifilmada), sabe que este empeño es una bobada. Hay una relación cada vez más osmótica entre la literatura y el cine, al extremo de que muchas novelas hoy ya se escriben con la clara intención de convertirse en guiones cinematográficos. El cine es también historia y sociología y hasta derecho si se me apura: hay películas que versan sobre problemas vivos y agudos de las ciencias jurídicas, por ejemplo, El juicio de Nurenberg, aquí traducida como Vencedores o vencidos, Testigo de cargo o Falso culpable.
El cine forma parte tan inseparable de nuestras vidas que es imposible tomar la distancia necesaria para hacer un juicio que sea mínimamente relevante. Pongo dos ejemplos: 1º) quien conozca la experiencia de las Misiones pedagógicas de la IIª República española, recordará que una de sus actividades consistía en llevar el cine (proyectores, pantallas, rollos, pelis)a pueblos perdidos en donde los habitantes jamás habían visto una película... y hablamos de los años treinta del siglo XX.
¿Qué pudo significar para chavales de quince años, jóvenes de veinticuatro, mujeres de cuarenta, ancianos de setenta ver imágenes en movimiento ¡y con sonido! por primera vez en sus vidas? 2ª: el cine nos ofrece una posibilidad metafísica única en la existencia humana: por primera vez en la historia es posible convivir con los muertos, con los que se han ido. Basta apretar un botón y ahí tenemos a Hitler berreando; y no un imitador, sino él mismo; o a otro muerto ilustre, Charles Caplin, haciendo de Hinkel, también berreando.
El diálogo entre vivos y muertos es más real que nunca porque el cine ha iluminado el mundo de las sombras. El cine es inabarcable, como el mundo porque es el mundo mismo.
Ya basta. Confieso, por si no se deduce de lo anterior, que me gusta y emociona todo el cine, el antiguo y el moderno, el bueno y el malo, todos los actores, las actrices, los géneros. Como todo el mundo, tengo mis preferidos pero confieso que cambian con sospechosa frecuencia.