29 de julio de 2009

Bajo gorro y bufanda


Decidió mantener los ojos abiertos y no pestañear.
Abandonó el edificio imaginando que todo lo que ocurría a su alrededor era un enorme metrónomo dirigiendo sus pasos. Anduvo tan rápido que sus pies terminaron por iniciar la carrera sin pedirle permiso al resto del cuerpo.
Cruzó los semáforos en rojo y no se detuvo al oír el pito de los coches al pasar junto a él casi atropellándole.
No percibió el sudor en su frente ni el frío que hacia ocultar bajo gorro y bufanda el rostro de los transeúntes que le esquivaban al verle pasar.
La boca cerrada y los dientes apretados convirtiendo el mentón en la quilla de un barco que navegaba hacia el único puerto en el que se sentía seguro.
Empujó la puerta del portal y dejó que ésta golpeara contra los azulejos generando un estruendo que era onomatopeya de su rabia.
No cogió el ascensor y saltó las escaleras de tres en tres acelerando hasta quedar frente a la puerta de su casa.
Ahí se detuvo.
Temblando introdujo las llaves en la cerradura sin ser capaz de hacer encajar el metal con el diminuto agujero. El ruido generado por esa búsqueda inútil hizo que alguien en el interior se diera cuenta de que había llegado.
Se abrió la puerta y ante él quedó una mujer: delantal rojo, las manos manchadas de harina y una sonrisa dulce moldeando sus labios.
Comenzó a llorar.
Ella le dio la mano llevándole hacia su pecho antes de preguntar.
- ¿Qué ha dicho el médico? - dijo muy bajo.

26 de julio de 2009

La tristeza y la alegría


Para el sabio, la tristeza y la alegría,
el bien y el mal, son semejantes.
Para el sabio, todo lo que comenzó debe acabar.
Medita, pues, si debes regocijarte con la
felicidad que llega o afligirte con la pena repentina.


Omar Khayyam


22 de julio de 2009

Cuando muera



Cuando muera,
conmigo habrán muerto las rosas,
los cipreses, los labios bermejos y el vino perfumado.
No habrá ya albas ni crepúsculos,
penas ni alegrías.
El mundo habrá dejado de existir.
El mundo sólo es real
en función del pensamiento.

Omar Khayyam

20 de julio de 2009

Hoy he caído en la cuenta de que la gente se muere 
De formas realmente interesantes
Banderas a media asta y por los suelos y por los cielos
Dios y Satanás pegados por algún órgano divino
Sí, la gente se muere artificialmente, artificiosamente 
Y a mí se me quedan las palabras en el esófago, esperado que después de la tormenta llegue la calma*
Pero la calma huele a humedad y cieno
Efecto dominó 
Palabras congestionadas
Todos nos morimos
Pavor: frases simples

*Olvidar la muerte es como leer un poema y decir que es bonito

Del poemario "Anatomía de las matrioskas" de Javier Montoro (Editorial Alea Blanca, 2009).

Entre el dolor y el placer median tres criaturas,


Entre el dolor y el placer median tres criaturas,

de las cuales la una mira a un muro,

la segunda usa de ánimo triste

y la tercera avanza de puntillas;

pero, entre tú y yo,

sólo existen segundas criaturas.

Apoyándose en mi frente, el día

conviene en que, de veras,

hay mucho de exacto en el espacio;

pero, si la dicha, que, al fin, tiene un tamaño,

principia ¡ay! por mi boca,

¿quién me preguntará por mi palabra?


Al sentido instantáneo de la eternidad

corresponde

este encuentro investido de hilo negro,

pero a tu despedida temporal,

tan sólo corresponde lo inmutable,

tu criatura, el alma, mi palabra.


Cesar Vallejo

14 de julio de 2009

CICLOS.

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Al contrario de lo que dije hace unos días, hoy vuelvo a hablar -a escribir- sobre esa desdentada, descabellada, descarnada, que nunca falta a su cita.
Desdramatizar lo inevitable: esa fue siempre una de las motivaciones que me empujaron a escribir.
Muertes anunciadas: todas lo son. Desde que nacemos. No: desde antes.
Desde que decidimos venir a esta escuela que es el maltratado planeta que nos aloja.
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Y con nuestras muertes, la vamos matando a ella: madre-escuela planetaria.
Pero esa es otra historia, también anunciada -y acelerada- por nosotros, sus hijos desagradecidos, desgraciados...
Veo a la gente vieja por la calle, aferrándose a la vida: a un brazo, a un bastón, a una muleta...
Gente que depende totalmente de otra gente -pagada, impagable-, bebés arrugados, encogidos, deformados, quemados, con decenas y decenas de años hinchando sus almas de sentimientos y ya, a punto de explotar.
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Y decimos: "No me quisiera ver así. Me gustaría morir en paz, sin sufrimientos, sin tener que depender de los demás para cualquier cosa..."
Pero, si te mueres pronto, en esas condiciones, todos dirán: "Tan joven, con lo bien que estaba; qué pronto se lo llevó Dios..."
No alcanzaremos nunca a comprenderlo. Y más cuando nos afecta directamente.
Pero todo sucede por algo.
Se cumplen los ciclos vitales, desde las bacterias hasta los universos: vida, muerte, renacer.
Como dicen los ancianos de mi pueblo-ciudad: "¿Sabéis de alguien que se haya quedado aquí para simiente?
Sólo cambia la duración. Pero, ¿qué es el Tiempo, sino otro engaño/ilusión?
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5 de julio de 2009

La peor forma de muerte

por Carlos Enrique Cabrera


Hay muchas formas de muerte y consecuentemente muy diferentes y variados tipos de cadáveres. De una manera o de otra a todos nos espera (en su justo y preciso instante, con bastante probabilidad ya perfectamente establecido y señalado…) la parca, el definitivo zarpazo de la pelona, de la descarnada dama enguadañada. Y por ello seria bueno (y aun recomendable y necesario) que nos preparemos debidamente para cuando nos llegue ese momento de “pasar a mejor vida”.

Más aún: siempre he sostenido que vivir no es otra cosa que un contrapesar la muerte, un degustarla y paladearla incluso golosamente, por adelantado, para así, por un lado, mejor disfrutar la vida (a plenitud y a fondo, como debe ser), que es breve y efímera como un soplo y, de otra, prepararnos (mediante la reflexión y la más vívida recreación mental de la misma) para ese instante definitivo y fatal en el que seremos arrebatados del mundo de los vivos definitivamente y para siempre.

Ésta es la muerte inevitable y a la que, por tanto, tan sólo nos queda plegarnos con resignación y con la mayor sabiduría y humana grandeza de la que seamos capaces, viviéndola como lo que en definitiva es (no entro ahora aquí en la consideración de la vida “plena y dichosa” en el Más Allá, como postulan las religiones): la última gran aventura en la que nos es dado participar y de la que somos protagonistas indiscutibles, diciendo, como escribiera en su día el gran poeta español Jorge Guillén:

“Como buen aventurero, cuando me muera, quiero saber que me muero.”

Pero hay asimismo nefastas formas de muerte, que nos convierten en abominables y repulsivos cadáveres, en muertos en vida, en muertos ambulantes, en auténticos cadáveres vivientes. Ello ocurre cuando claudicamos, cuando nos arrellanamos, cuando nos entregamos, cuando vaciamos de todo sentido nuestra existencia.

De igual forma entonces que afirmamos que “no hay peor sordo que el que no quiere oír”, deberíamos poder aseverar (creo) que “no hay peor cadáver que el de quien no quiere vivir o no vive auténticamente”. Esto es, aquél que se fabrica o se crea a sí mismo día a día a fuerza de renuncia y de molicie y de indiferencia y falta de voluntad de ser y de persistir anclado al duro suelo, a la cruda realidad rebullente y palpitante del devenir existencial, histórico y social.

Y así como podemos constatar la existencia de cadáveres individuales o específicos (el de Juan, el de Pedro, el de José), también podemos hacerlo con la de los colectivos. Son éstos los de aquellas sociedades sin pulso, sin vitalidad, sin verdadera tensión sanguínea ni aliento vital, sin auténtica vida ciudadana participativa, sin voces que se alcen en su seno señalando, denunciando, criticando el malhacer de sus políticos y las actuaciones punibles y no sujetas a la ley de su clase empresarial; conglomerados nacionales sin auténtica vida cultural y sin auténticos creadores de cultura, que no generan (en ninguno de los ámbitos de la humana actividad) una sola idea transformadora que suponga un significativo aporte humano universal.

Sí, ¿qué son algunas entidades colectivas del planeta si no pseudo estados sin personalidad propia, sin vida auténtica, arrastrados de forma permanente por la irracional ventolera de la Historia y su convulsos y oscuros oleajes de río revuelto?

Lo verdaderamente dramático o lamentable o terrible para un ser auténticamente humano no es morir fulminado por un rayo, un estrepitoso vehículo que nos asalta en un cruce fatal de caminos o una larga (o corta) enfermedad más o menos espantosa (la muerte inevitable), sino la muerte lenta del día a día que nos carcome de forma imperceptible el alma y el espíritu.

La peor y más dramática de las formas de la muerte es aquélla que nos convierte, perdida toda fe, toda ilusión, toda esperanza, todo aliento de lucha y de superación (individual o colectiva), en el peor y más lamentable de los muertos posibles: en auténticos muertos vivientes…

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Este texto fue publicado con anterioridad en la revista Caudal, año 7, número 27 , julio-septiembre de 2008

Buena muerte

Imagen: Caligrafía, Jan van de Velde (Rijksmuseum, Amsterdam)

¡Cómo no va a dolerme saber de su limitada vida, la adversidad que le amenaza en los espejos negros de la memoria, su imposible destino entre pliegos gastados y pobres cuartillas, olvidados en cualquier rincón! Ni tan siquiera un título que dé cuenta de su presencia, su frágil e irregular lenguaje, imágenes manipuladas de magias balbuceantes que tergiversaron su rumbo poético hasta el desencanto. Me duele saber que no hay futuro en esas líneas de ritmos mutilados, de estrellas dormidas, de fugitiva fascinación, pero me adaptaré al ritual de la piedad peligrosa y sacrificaré las palabras al mito de la Poesía, hasta dejar que enmudezcan en el papel. Será mi ofrenda a la ambarina diosa. ¡Qué buena muerte para mi poema!


4 de julio de 2009

EMPAPAR/ENJUGAR EL DOLOR.

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Y de pronto me entran ganas de hablar -de escribir- sobre la muerte, y lo poco que somos y todos esos tópicos.
Y me digo que no: que para eso ya estuvo -ya está- Jorge Manrique y "nuestras vidas son los ríos..."
Y hasta a mi hijo de 13 años le dio por escribir un rap sobre la muerte. Claro, de tanto escucharnos por teléfono, en persona:
-Sí, ha sido todo muy rápido. Fíjate: en un mes. El tabaco. De lo demás estaba muy bien, él. Se cuidaba mucho..."
Mi hijo de 13 años, que improvisaba letras, que escribía sus raps sobre las chicas que le gustaban, sobre sus cosas, y...
Todo se empapó de dolor.
Pero no quiero escribir -no quiero hablar- más sobre la muerte.
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1 de julio de 2009

Ante una Muerte Anunciada... Un tributo a Humberto


Ante una Muerte anunciada

Hola Mis queridos amigos de trazando caminos… hoy voy corriendo por esta vida con el dolor y la zozobra de no ver a mi hermano Humberto mas en esta vida, porque el ahora después de varios meses de lucha por vivir, solo supo tomar el camino para ir a la diestra de Dios nuestro señor.


En medio de este pesar he llegado a cumplir una cita... esa cita con todos mis amigos de Trazando caminos y que mi querida amiga Nerim quien estuvo al tanto, supo entender y acompañarme en este dolor. Ella inicio el post, pero yo he llagado aquí y en medio de mi grito de dolor solo quiero hoy expresar esos momentos que hemos pasado ante esta tragedia familiar, de como tener que enfrentar esos momentos ante una Muerte Anunciada. (Titulo Original del Tema de este mes)


Sin dudas que detrás de ese dolor, se dará un cambio,
justo ese cambio que nos lleva a ese signo celestial de la gloria
que traza el sendero más firme y el más difícil,
marcando la ruta de los astros para siempre, camino de sangre y soledad.


Sólo la redención y la bondad de Dios puede lavarnos
de ese veneno en el espejo de estéril soledad amortajada.


Tras ese gran dolor, vendrá la paz... esa cosecha de esfuerzos absolutos
plena de sueños y de esas semillas de esperanza que se fueron sembrando.


Vamos a confiar en Dios, para hacer lo mejor que podamos,
y aquello que no este en nuestras manos para resolverlo, dejarlo en manos de Nuestro Creador, Padre y Señor.

Con coraje y con fe no lloremos por la ruina de nuestros sueños, transformemos la energía del pensamiento en energía positiva, en una energía creativa en la esperanza y seguir adelante de la mano de Dios, para crear un nuevo porvenir mas bello para todos.


Adiós Hermano mio, adiós Humberto que en Paz descanses...


Un Abrazo para todos,


JAIBEM

Jaime Bejarano