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"Hotel California", de Eagles. ¿Quién no la conoce? ¿A quién no le gusta? Como decía uno que entonces -finales de los 70- era mi amigo: "¡Esto le gusta hasta a mi madre!""La montaña mágica", de Thomas Mann. ¿Quién no ha oído hablar de esta novela? Algunos menos, la habrán leído.
Hasta hace poco, yo me encontraba entre ellos. Quería leerla: su estela de obra maestra me atraía. Pero hasta este verano que acaba de concluir, no encontré el hueco necesario. Y no me arrepiento.
¿Qué tienen que ver estas dos obras de arte? Ambas, bajo mi punto de vista, son metáforas de la vida y sus ataduras, sus cadenas, aquellas cosas (y personas) a las que nos asimos y, cuando nos venimos a dar cuenta, no podemos renunciar.
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-"Relax, said the night man,
we are programmed to receive.
You can check out any time you like,
but you can never leave..."
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(Y después, tremendo solo de guitarra.)
Puedes llegar, ingresar cuando quieras e intentar "darte de baja", salir... Pero nunca te puedes ir. Estás prisionero de tus propias comodidades, lujos, vicios...
Lo mismo en el hotel en medio del desierto californiano de los Eagles, que en el sanatorio alpino de la novela de Mann.
Metáfora de la vida, reflejos de nuestras dependencias, del placer
que ata,
y te maltrata,
y te desbarata,
y te arrebata
el poder, la libertad de decisión; de elegir.
Infiernos celestiales, paraísos infernales.
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"Mirrors on the ceiling
the pink champagne on ice.
And she said: We're all just prisoners here
of our own device."
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