27 de junio de 2010

EL ALMA DE LOS ESPEJOS.



"...Pero tenga cuidado, señor Okada. No es nada fácil conocer
el estado en que uno se encuentra.
Por ejemplo, uno no puede mirarse directamente a la cara con sus propios ojos.
Sólo podemos mirar la imagen que nos devuelve el espejo.
Nosotros nos limitamos a creer, de manera empírica, que
la imagen reflejada en el espejo es la real."

Haruki Murakami - "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo".


No me gusta que me miren a través de un espejo.
No me gusta mirar a alguien a través de un espejo.
Si estoy hablando con mi mujer mientras se "arregla", yo detrás de ella, inmediatamente me mudo: me mudo de que me callo, y me mudo a un lateral para seguir hablando.

Porque sé, de alguna manera sé, que la que habla conmigo desde el azogue no es ella.
Es otra ella. Sí, ya sé que me dirán que si las simetrías, que si posibles deformaciones producidas por el tiempo en la superficie pulida, por muy buena calidad que tuviese...
Cuentos.

Yo sé que la que habla desde allí es otra ella. Y, una cienmillonésima de segundo antes de que la de acá inicie el movimiento de los labios, de los ojos, de las manos.
Esta variación sólo la podemos apreciar unos cuantos iniciados. A fuerza de observación, de mucha observación, y de comparación y de experimentación. Y de apreciar lo que puede ir sucediendo tras una conversación -o una mirada, simplemente- realizadas a través del espejo.

Hay una tendencia al mal, a las discusiones, a las riñas, a las rupturas.
El alma del espejo, imbuida de su naturaleza frágil, quebradiza, quiere contagiar de ella a los que nos servimos del espejo.
Lo usamos para contemplarnos, para "arreglarnos", pero siempre -he dicho siempre- algún maligno, perverso pensamiento intenta asentarse en nosotros mientras lo usamos.

Depende del tiempo que pasemos ante él, así nuestra naturaleza humana irá perdiendo su fortaleza, su esencia y, en la vida real, se tornará cambiante, frágil, con repentinos accesos de ira o de soberbia incontrolada. Es la naturaleza del espejo que se va apoderando. Y mientras más grande sea el espejo, más fuerte será su poder.

Tras exhaustivos estudios, hemos llegado (yo, otros iniciados) a la siguiente conclusión: "El tiempo -máximo- de observación diaria en el espejo no ha de exceder de 2 minutos para los hombres y 5 minutos para las mujeres (la naturaleza propia de ellas es más fuerte...)"

"Nunca, nunca, verás tu propia, tu verdadera imagen.
Salvo cuando mueras, desde arriba, rodeado -o no- de familiares,
de médicos o de enemigos; o de todos a la vez."

El Secretario, S. L.


4 comentarios:

  1. Excelente....!!!
    Cuánta verdad....!!!

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  2. Muchas veces en mi vida, para pensar, o regañarme a mi misma, me iba al espejo y "me hablaba". Te aseguro que eramos dos personas...

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  3. Muy bueno, de lo mejor que he leido en tu blog...hace tiempo le dedique una serie de pequeños poemas, en el reflejo, los titule; un abarzo.

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