
Su construcción se inspiró en la que por entonces parecía ser la panacea del futuro, la energía atómica. Erigido para la Feria Mundial de 1958 con la idea de que a los seis meses fuera desmontado.
Nunca fue desarmado. También aprendimos que la energía atómica no es ninguna solución a largo plazo.
Sin los atributos originales que le dieron sentido, descolocado en sus referencias y sin embargo símbolo de Bruselas, el Atomium ha pasado para mí a representar lo más ínfimo y a la vez lo más esencial, la estructura atómica que subyace y da forma a todo.
Y, no puedo resistirme, a visitarle cada vez que paso cerca.
Original, curioso, toda un canto a la estructura molecular...un abarzo.
ResponderSuprimirEs una obra imponenente!!!
ResponderSuprimirun abrazo