Ella,
protagonista convencida de su mérito
se envanece
y piensa
lo que no se atreve a decir con la palabra:
soy más que una esbozada silueta,
más que el curvado vértigo
de unos trazos de líneas y sombras,
soy más que ese silencio
que el pintor tergiversa en la tela …
Soy desnuda intimidad
de la que nacen desordenadas pasiones
y celos.
¿Es esto ser soberbia?
Nos despedimos de la soberbia con sentimientos encontrados. La palabra soberbia tiene un acento deplorable y quizás por eso se le suele dar con frecuencia el nombre de orgullo, pues ¿no era Nietzsche quién catalogó a este sentimiento como algo virtuoso, algo superior? Se han escrito tanto y tan bellas palabras sobre ella, que se nos hace personaje necesario. Pero no nos equivoquemos, la soberbia es una dictadora empedernida que sabe distraer su carácter cuando habla en primera persona colocándose en un puesto que no le pertenece. Lo hace con la arrogancia –y sutileza- de quien se cree indispensable; así encontrará siempre excusas que justifiquen su comportamiento pués hay quien dice que no es soberbia la persona sino la idea que nace.
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¡Magnífico broche final, Pilar!
ResponderSuprimirEl tema propuesto ha dado para bastante y no se ha agotado por ello. Sin duda son las ideas las que modulan a las personas y no viceversa.
¡Enhorabuena!
Felicidades! ha sido muy buen tema y el final magnifico.
ResponderSuprimirun beso
Te felicito Pilar.Un magnífico tema y un buen post de cierre.
ResponderSuprimirUn fuerte abrazo
Precioso Pilar
ResponderSuprimirPues ha dado bastante juego y cosas muy interesantes. Un abrazo.
ResponderSuprimirGracias, Pilar.
ResponderSuprimirUn abrazo