29 de noviembre de 2010

Soñando con Platero



Cerca de casa hay un potrillo que sueña con conocer a Platero, ese burrito pequeño, aterciopelado y blando. Cada vez que salía a pasear me encontraba con él, marrón chocolate y azabache -también- en la mirada. Se me acercaba curioso, algo tímido y un puntito asustadizo, pero la curiosidad ganaba y dejaba la protección de su madre que, con cara indulgente, seguía atenta las cabriolas de su retoño. Pronto se acostumbró a mi voz cuando le llamaba para darle golosinas, y ahora, nada más verme aparecer, se acerca hasta mí con un torpe trotecillo de sus todavía débiles piernas. Empecé a sentir una ternura especial por aquel pequeño, que en un rectángulo de tierra acordonada, estaba destinado a ir viendo pasar los días sólo con la compañia de su madre, sin compañeros de juegos, desafiando el tiempo -la mayoria de los dias desapacibles- y con la amenaza del invierno.

Me acostumbré a saludarle. A decirle palabras para que sintiera el sonido de mi voz. Acudía presuroso, como un niño a la espera de su recompensa, y, como si pudiera comprenderme, le empecé a contar historias. Le hablé de otros campos donde el sol siempre hace más verde el verde de los prados, de otros espacios amplios y libres, de otros aires, del olor del mar, de la música de las cigarras, de pueblos pequeños y blancos. Le hice el confidente de mis recuerdos y nostalgias. También le hablé de ese borriquillo, peludo y suave que, como él, siempre se dejaba acariciar, un borriquito dulce y soñador. Día tras día, mientras el tiempo nos dejaba, fui hablándole de aquel que podría haber sido su amigo. De su vida, de sus andanzas, de sus correrías por los campos andaluces llenos de flores, de paisajes luminosos, de noches increíbles de estrellas, de sus momentos alegres y tristes, tiernos, pero no quise hablarle de su muerte…no. Durante todo el verano no faltamos a nuestros encuentros. ¡Qué deseadas me parecían entonces aquellas escenas que desfilaban ante mis ojos!: Juegos al anochecer, El canario vuela, La carretilla, La arrulladora, Alegría, Los Reyes Magos, y más. En todas aparecía Platero, peludo, suave, sonriente o melancólico, por los campos y caminos del sur.

Era la ilusión de una cita concertada: la excitación del esperado momento, el contento del reconocimiento, la confianza de la amistad y, tras los saludos, seguir narrando una aventura más a mi pequeño amigo, hasta que llegaba cada despedida. Era dolorosa y siempre veía en la mirada del potrillo, la ilusión del sueño, y ese sentimiento de añoranza que yo conozco tan bien.

6 comentarios:

  1. Qué bonito sueños, Pilar. Se enmarca en su cara dulce. Esa ilusión y "sentimiento de añoranza". Me encantan los burritos desde que leí al ilustre premio Nobel. Y haces ahora una semblanza muy cariñosa y literaria de estos animalitos, llenos de simpatía. Enhorabuena.

    Un abrazo,

    Luis.

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  2. Platero y YO....
    estudie toda mi gramatica de los primeros años de escuela con ese libro!!!!! precioso!!!!!!
    un abrazo

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  3. Una entrada nostálgica que me ha hecho recordar mis primeras lecturas.
    Me ha encantado tu escrito.

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  4. Pilar : son unas lineas muy bonitas, plenas de poesia y ternura que emociona leer y nos recuerda la gran obra clasica.
    Saludos cordiales.

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  5. Gracias por la lectura, y suerte en el próximo tema. Un abrazo.

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  6. Pilar, hermoso retazo literario. Muy sentido, aunque no tengo un potrillo, pero los animales me encantan.

    un abrazo,

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