Me desperté solo y frío
en medio de la terrible ausencia
que me has dejado. Yo te anuncié:
“Recuerda este deseo incandescente
cuando el estío”;
pero habrás olvidado, -como siempre-
hacia la estación futura.
Y en la tempestad de roces descuidados,
el calor,
y la brasa próxima que incendia nuestros cuerpos,
sumergida en la ola de sudor que nos bañaba,
te alejas de mi mar
en busca de quién sabe qué brisa inexistente.
Me desperté solo y frío,
aterido por tu vacío,
frío y solo;
pero antes de que fuera el día
regresaste envuelta en la nebulosa
cálida de la noche, tersa tú,
irradiadora de apetitos incumplidos,
y me sacié en la fresca y ácida carnosidad
de tu boca de manzana
con sólo un beso,
preludio del ágape que, agazapado, duerme en mí,
mientras me recupero de la angustia
de tu ausencia
y con todo mi amor te contemplo.

"Frio y solo" ¡Qué triste despertar así! ¿verdad?.
ResponderSuprimirPrecioso poema, Francisco. Un abrazo
Triste pero hermoso, muy hermoso.
ResponderSuprimirUn fuerte y calido abrazo