31 de mayo de 2010

Cierre Tema Amor Eterno -




AROMA DE AMOR


Era una tarde lluviosa, fresca, con paso lento caminaba por aquel desértico camino, lleno de hojas secas, el ambiente se tornaba de color amarillo, la tenue luz proveniente de los últimos rayos solares del día, y aquellas hojas secas, daban ese tono especial.
Sin embargo, este ambiente algo melancólico, producía en mi una sensación extraña de bienestar, sentía que algo estaba por sucederme, era un sentimiento que se hacia físico, lo sentía en cada poro de mi piel, era la sensación de “una llegada”. Una espera que sin ser avisada, tenia la seguridad que tendría un fin.
Pasaron muchos minutos, creo que estuve caminando muchos años; alcé mis ojos, y lo vi, lo reconocí inmediatamente, caminaba hacia mi, sin apuro, con pasos lentos y seguros.
A esa distancia no podía detallar sus ojos, pero sabía que me miraban, mientras mas se acortaba la distancia entre ambos, un sentimiento indescriptible me producía sensaciones indescriptibles. Tanto tiempo esperando, y ahora que me encontraba a escasos segundos para el encuentro, me estremecí, no se si era miedo, inseguridad, timidez. El lo percibió, se apresuro, y al tenerme frente a él, ya con sus ojos en mis ojos, tomó mis manos, suavemente, y solo con este contacto, sentí que mi vida era suya, sentí que mi alma se me partía en dos, una mitad era suya, la otra para entregarle todo mi amor.
Segundos después, nos entregamos en un abrazo, un abrazo que nos llevó al limite de una entrega total, nos fundimos en un solo cuerpo, como si nuestra sangre, corriera por las mismas venas, y la esperanza de vida dependiera del otro. Nos amamos en silencio.
Solo los amores eternos podrían entender nuestro sublime encuentro.
Cuando abrí mis ojos, aquel camino desértico estaba colmado de pájaros y mariposas. Alegres se sentían volar de un lado a otro, posándose sin cesar en cada una de las flores nacidas en un inmenso y colorido jardín. Respiré profundo! Sentí un suave aroma introducirse en mi ser, a través de esos poros que un día esperaron por él, y lo supe enseguida, era el AROMA DE AMOR.
Por Mery Larrinua

25 de mayo de 2010

Poema del regreso



Vengo del fondo oscuro de una noche implacable
y contemplo los astros con un gesto de asombro.
Al llegar a tu puerta me confieso culpable
y una paloma blanca se me posa en el hombro.

Mi corazón humilde se detiene en tu puerta
con la mano extendida como un viejo mendigo;
y tu perro me ladra de alegría en la huerta,
porque, a pesar de todo, sigue siendo mi amigo.

Al fin creció el rosal aquel que no crecía
y ahora ofrece sus rosas tras la verja de hierro:
Yo también he cambiado mucho desde aquel día,
pues no tienen estrellas las noches del destierro.

Quizás tu alma está abierta tras la puerta cerrada;
pero al abrir tu puerta, como se abre a un mendigo,
mírame dulcemente, sin preguntarme nada,
y sabrás que no he vuelto... ¡porque estaba contigo!

José Ángel Buesa

17 de mayo de 2010

TU RISA



Quítame el pan si quieres,
quítame el aire, pero
no me quites tu risa.

No me quites la rosa,
la lanza que desgranas,
el agua que de pronto
estalla en tu alegría,
la repentina ola
de planta que te nace.

Mi lucha es dura y vuelvo
con los ojos cansados
a veces de haber visto
la tierra que no cambia,
pero al entrar tu risa
sube al cielo buscándome
y abre para mí
todas las puertas de la vida.

Amor mío, en la hora
más oscura desgrana
tu risa, y si de pronto
ves que mi sangre mancha
las piedras de la calle,
ríe, porque tu risa
será para mis manos
como una espada fresca.

Junto al mar en otoño,
tu risa debe alzar
su cascada de espuma,
y en primavera, amor,
quiero tu risa como
la flor que yo esperaba,
la flor azul, la rosa
de mi patria sonora.

Ríete de la noche,
del día, de la luna,
ríete de las calles
torcidas de la isla,
ríete de este torpe
muchacho que te quiere,
pero cuando yo abro
los ojos y los cierro,
cuando mis pasos van,
cuando vuelven mis pasos,
niégame el pan, el aire,
la luz, la primavera,
pero tu risa nunca
porque me moriría.


Pablo Neruda

14 de mayo de 2010

Previsto desengaño


Volverás a mí
cuando se acaben las horas blancas de siempre
con paso desafiante y tórrido,
para recorrer sin prisas el cauce del labrado mutismo.
Hurgarás en la oxidada soledad de lo eterno,
enturbiando
la brisa desmayada y yerma
con las sombras amargas del desengaño.
No habrá consuelo que desmemorice las páginas inhóspitas,
encuadernadas con la brea del desamor y lo frágil
y esperaré,
hasta que se desangren, devorados, el empeño y la crudeza,
en el precipicio precoz del tiempo.

10 de mayo de 2010

El amor de La Tia Martina



No siempre recuerdo mis sueños, pero sueños como los que tuve anoche no son fáciles de olvidar. No se trata de ningún sueño traumático, son simplemente cosas que se recuerdan o se sueñan en  esos momentos tan especiales, como los del amanecer, esos momentos en el que no distingues bien si estas dormido o despierto, cuando vislumbras alguna sombra, o cuando intuyes alguna presencia, quizás un susurro, o algo que acaricia nuestra mejilla y que no podemos definir.

De pronto, me vi rodeada de esas presencias de rostros familiares que me miraban muy fijamente y me sonreían abiertamente. Estaban alegres y dicharacheras, hablaban todas a la vez, recordando vivencias pasadas, historias y secretos familiares hasta entonces ocultos.
Entonces tomó la palabra una de las presencias. Al principio, me  fue difícil reconocerla a pesar que su rostro me era muy familiar, ¡¡claro que si!! Era la tía Martina,  había visto su foto en los álbumes que había en casa de la abuela. La tía Martina, aquella señora alta y delgada y de aspecto tan distinguido que murió cuando yo apenas era una niña.

La tía Martina empezó a contarme su historia, me contó como la dejaron plantada ante el altar, y entre su vergüenza y humillación por el abandono, entre los murmullos de la gente, sólo alcanzaba a oír “la dejaron compuesta y sin novio”. Me contó como salió de la iglesia, con la cabeza gacha y la espalda encorvada. Como llego a casa, se encerró en su cuarto, abrió la cortina y clavó sus tristes y llorosos ojos azules, en aquel mar tan calmado que divisaba desde su ventana.

Me habló de lo desvalida que se sintió, de los sentimientos de abandono y desamparo que invadieron su alma afligida, de la soledad de su amor, de los tristes recuerdos que le quedaron del día de la boda, de aquel día que amaneció como el más feliz de su vida y terminó con su existencia encogida.

Me contó como a los dos días se presentó el novio en su casa, llorando y pidiendo perdón,
- ¿qué te pasó?, le preguntó casi sin voz,

- tuve miedo le contestó-, de repente, el miedo me invadió y  casi  a medio vestir, eché a correr sin rumbo fijo, llegué hasta la playa, me lancé al agua, y ahogando mis sentimientos de culpabilidad en cada brazada, nadé hacia mar abierto. Tu recuerdo me impulsó a dar la vuelta y nadar de nuevo hacia la orilla, y cuando llegué, me refugié entre las rocas y allí sentado, mirando hacia el horizonte, me dí cuenta de mi error y eché a llorar como un niño.

La boda se celebró días después. Todo el pueblo se reunió en la iglesia. La tía Martina me contó que tenía mucho miedo de que sucediera lo mismo que días atrás, pero no fue así, esta vez, cuando entró en la iglesia, el novio estaba esperándola al pie del altar.

Y esta historia que os cuento no fue un  sueño dentro de otro sueño, forma parte de sueños que fueron verdad y que se convirtieron en un mar de recuerdos al despertar.

3 de mayo de 2010

Gacela primera del amor imprevisto

Nadie comprendía el perfume

de la oscura magnolia de tu vientre.

Nadie sabía que martirizabas

un colibrí de amor entre los dientes.


Mil caballitos persas se dormían

en la plaza con luna de tu frente,

mientras que yo enlazaba cuatro noches

tu cintura, enemiga de la nieve.


Entre yeso y jazmines, tu mirada

era un pálido ramo de simientes.

Yo busqué, para darte, por mi pecho

las letras de marfil que dicen siempre.


Siempre, siempre: Jardín de mi agonía,

tu cuerpo fugitivo par siempre,

la sangre de tus venas en mi boca,

tu boca ya sin luz para mi muerte.








Federico García Lorca

2 de mayo de 2010

Princesa de medianoche


Y cerrando los ojos atrapó todos sus sueños
Los guardó con celo dentro de si
Los mimó con esmero
Los trató con deleite
Los enamoró, los conquistó
Les dio forma, textura y vida
Los elevó a la altura de sus ideales
Y voló en pos de ellos.

Y fabricando sueños
Sobre un colchón de espuma
fue  persiguiendo devaneos
Coleccionando miradas, caricias
y besos, de esos que mojan la piel,
buscando amantes que soñar
soñando al hombre de su vida.

Sueña, sueña princesa de medianoche
Que el día está a punto de despuntar,
Y de ti dependerá
Que sigas siendo mujer
Envuelta en sábanas de noche.

1 de mayo de 2010

AFÁN PARA NO SEPARARME DE TI




Afán para no separarme de ti,
por tu belleza, lucha por no quedar en dónde quieres tú,
aquí en los alfabetos, en las auroras, en los labios.
Ansia de irse dejando atrás anécdotas, vestidos, caricias,
de llegar atravesando todo lo que en ti cambia,
a lo desnudo y a lo perdurable.
Y mientras siguen dando vueltas y vueltas, entregándose,
engañándose, tus rostros, tus caprichos y tus besos,
tus delicias volubles, tus contactos rápidos con el mundo,
haber llegado yo al centro puro, inmóvil, de ti misma,
y verte cómo cambias, y lo llamas vivir,
en todo, en todo si, menos en mí, dónde te sobrevives


Pedro Salinas

Mi amor eterno...



Mi Amor Eterno…

Que inmensas ganas de gritar!
¿Donde estas que no te encuentro,
Donde te puedo buscar?
¿Cuantas veces nos juramos,
Juntos…volver a reencarnar?
Han pasado los años
Y muchos amores por mí
He amado mil veces
Y en ninguno te sentí
¡OH mi amor eterno!
Amor de mi existencia pura
Luz del cielo, luz de mi pasión
Siento que estas en mi pecho
Más no te puedo abrazar
Ven a mis ojos quiero mirarte
Quiero con mis brazos alcanzar
Tu cuerpo y pegarlo al mío
Fundir nuestros seres
Y en ese instante volar
Juntos y danzar en el universo
Tocar las estrellas
Amarnos sin cesar
Dar brillo a un cometa apagado
A aquella galaxia que no puede respirar
Dar vida al mundo entero
Dar luz a la oscuridad
Unir nuestro amor al amor infinito
Y que los colores de nuestros cuerpos
Formen un aura universal
Donde albergue a los hijos del mundo
En una mansión magistral
¡OH mi amor eterno!
¿Dónde te puedo encontrar?

Por Mery Larrinua