30 de junio de 2010

El otro/la otra se despiden.

El otro dice adiós tras un mes de alta temperatura y metafísica. Muchas de las entradas han venido cargadas de sentimientos inefables que penetran en el alma de forma misteriosa pues se convierten en razón misma del ser sólo por el poder de la palabra de otro/otra. ¡Y cuántos otros/otras habrá descubierto quien haya leído todas las entradas! Todas, me parece, hacen llegar a la conclusión de que el otro, la preocupación principal de la filosofía de Levinas, siempre es otro yo. O sea, un desplazamiento, un distanciamiento, una perspectiva del problema esencial que es el yo. Ese ente misterioso que nos habita y, como Dios, no tiene nombre; ese ente que nos permite comprender en la palabra el mundo, el universo enteros con todas sus formas imaginables e inimaginables de vida pero que se detiene, se desconcierta cuando se encuentra ante otro yo que imagina tan poseído del misterio como él mismo.

(Caravaggio, Narciso)


De ahí que en la dialéctica del otro y el yo se produzca una sublimación cuando, gracias al espejo (que es siempre la puerta de la hiperrealidad) el yo se contempla como otro, se sale de sí y se interroga. En algunas de las fábulas más hermosas de la historia de la cultura hay algún espejo. Narciso representa el momento en que el ser humano se descubre desde fuera y se enamora de sí mismo. El ser humano es narcisista y, por tanto, racional. Perseo, que no puede mirar directamente a la Medusa, se vale de su escudo como espejo para matarla. A través del espejo pasa Alicia a su peculiar mundo en el que, entre otras cosas, el tiempo va hacia atrás.

John Tenniel, ilustración para Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll.


Justamente el espejo es el elemento esencial de ese género tan extraño de la pintura que es el autorretrato. Los pintores, como Narciso, suelen pintarse a sí mismos. Algunos lo han hecho con tanta asiduidad a lo largo de su vida que sus series de autorretratos son como biografías icónicas: Rembrandt, Can Gogh, Picasso y otros. Todos los autorretratos son impresionantes porque nos permiten ver a otro con sus ojos. Y en algunos casos, por ejemplo con espejos cóncavos el resultado es delicioso, como en este autorretato del Parmigianino.

Parmigianino, Autorretrato.


Los espejos cóncavos ya no se estilan, aunque fueron símbolo de riqueza, prestigio y poderío.


En una historia de E.T:A. Hoffmann, éste dice haber conocido en una Kneipe en invierno a Peter Schlehmiel, el hombre que vendió su sombra al diablo y también a otro que lo que había vendido al diablo era su reflejo en el espejo de forma que, al pasar ante uno de ellos le ocurría como a los vampiros: que no daba imagen, como si ante él no hubiera nadie.

Magritte, Prohibida la reproducción. Retrato de Edward James


Un buen día, mirándose en el espejo, el héroe de Pirandello en Uno, nessuno e centomilla descubre gracias a su mujer que no es el que creía que era. Y, así, descubre igualmente que es tantos como personas lo conocen y tienen una imagen de él, de modo y manera que la imagen que de él tiene él mismo no existe para nadie más.



Fotograma de 2001, la odisea del espacio

Lo dicho, el otro/la otra es el misterio del yo.





De Emmanuel Mounier.



" Para Scheler, Buber y Gabriel Marcel, la experiencia lleva a una comunicacion de los sujetos, dialogo, encuentro autentico,
en el cual no trato al otro como naturaleza, sino como libertad; mas aun: colaboro a su libertad, como el colabora a la mia. Si el otro no es un limite del yo, sino la fuente del yo, el descubrimiento del nosotros es estrictamente simultaneo con la experiencia personal. El tu es aquel en que nosotros nos descubrimos y por quien nosotros nos elevamos: surge en el corazon de la inmanencia como en el de la trascendencia. No rompe la intimidad, sino que la descubre y la eleva."

Fragmento del libro " Introduccion a los Existencialismos "

27 de junio de 2010

EL ALMA DE LOS ESPEJOS.



"...Pero tenga cuidado, señor Okada. No es nada fácil conocer
el estado en que uno se encuentra.
Por ejemplo, uno no puede mirarse directamente a la cara con sus propios ojos.
Sólo podemos mirar la imagen que nos devuelve el espejo.
Nosotros nos limitamos a creer, de manera empírica, que
la imagen reflejada en el espejo es la real."

Haruki Murakami - "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo".


No me gusta que me miren a través de un espejo.
No me gusta mirar a alguien a través de un espejo.
Si estoy hablando con mi mujer mientras se "arregla", yo detrás de ella, inmediatamente me mudo: me mudo de que me callo, y me mudo a un lateral para seguir hablando.

Porque sé, de alguna manera sé, que la que habla conmigo desde el azogue no es ella.
Es otra ella. Sí, ya sé que me dirán que si las simetrías, que si posibles deformaciones producidas por el tiempo en la superficie pulida, por muy buena calidad que tuviese...
Cuentos.

Yo sé que la que habla desde allí es otra ella. Y, una cienmillonésima de segundo antes de que la de acá inicie el movimiento de los labios, de los ojos, de las manos.
Esta variación sólo la podemos apreciar unos cuantos iniciados. A fuerza de observación, de mucha observación, y de comparación y de experimentación. Y de apreciar lo que puede ir sucediendo tras una conversación -o una mirada, simplemente- realizadas a través del espejo.

Hay una tendencia al mal, a las discusiones, a las riñas, a las rupturas.
El alma del espejo, imbuida de su naturaleza frágil, quebradiza, quiere contagiar de ella a los que nos servimos del espejo.
Lo usamos para contemplarnos, para "arreglarnos", pero siempre -he dicho siempre- algún maligno, perverso pensamiento intenta asentarse en nosotros mientras lo usamos.

Depende del tiempo que pasemos ante él, así nuestra naturaleza humana irá perdiendo su fortaleza, su esencia y, en la vida real, se tornará cambiante, frágil, con repentinos accesos de ira o de soberbia incontrolada. Es la naturaleza del espejo que se va apoderando. Y mientras más grande sea el espejo, más fuerte será su poder.

Tras exhaustivos estudios, hemos llegado (yo, otros iniciados) a la siguiente conclusión: "El tiempo -máximo- de observación diaria en el espejo no ha de exceder de 2 minutos para los hombres y 5 minutos para las mujeres (la naturaleza propia de ellas es más fuerte...)"

"Nunca, nunca, verás tu propia, tu verdadera imagen.
Salvo cuando mueras, desde arriba, rodeado -o no- de familiares,
de médicos o de enemigos; o de todos a la vez."

El Secretario, S. L.


18 de junio de 2010

LAS DOS VERSIONES (EN LA ESQUINA DEL SUEÑO).

En una esquina del sueño, una mujer encuentra a su marido. Pero dos versiones de su marido:
A un lado de la esquina está mayor, encamado, el rostro algo hinchado, se adivinan algunos tubos infamando su cuerpo.
Al otro lado de la esquina está como es en la vigilia, quizás algo más joven: de mediana edad, sano, con ropa deportiva y en su versión más alegre.


Se le solicita elegir una de las dos versiones. Sin dudarlo, se decanta por la más juvenil.
Pero la figura elegida se enfada con la mujer:
"Siempre me dijiste que querías verme llegar a anciano, que envejeciéramos juntos... Sin embargo, ahora has abominado de esa versión mía. Si me eliges así como estoy, moriré joven. Sano y alegre, pero joven..."
La mujer despierta llorando y se apresura a tocar a su marido que parece estar inusualmente quieto.


15 de junio de 2010

CONFIANZA



Sin mi, no existes
Sin ti, existo
Te adueñas de los campos infinitos de mi silencio
Penetras en la sombras rojizas de mi soledad
Descubres mis secretos enterrados
Sonríes a mi esencia demacrada
Serenas mi corazón entusiasmado
Nos rendimos a la palabra Amor, Amistad.

Erés tú,
Ella, él, los otros
Y cuando no existe el nosotros
Cuando te rindes a la mediocridad de la existencia
Cuando rompes mi confianza regalada
Cuando compartes mis secretos sin permiso
Creido, creida de tener derechos en mi vida
Sin haberme abierto tu Alma que es tu casa
Has matado la esperanza del encuentro
Has sembrado la duda más amarga
Porque dudar del amigo o del amante
Es dudar de la esencia de la Vida
Y sin eso,
 Tu, yo, todos
Ensalzamos la mediocridad de la existencia
Y vivimos en las sombras y en la nada

Sin mí, no existes
Sin ti, existo
Aún herida de muerte por tu ausencia
Aún sabiendo que la soledad me empapa
Pero labrando el sueño de saberte
Leal, sincero, valiente hasta la muerte
Aún sabiendo que ese sueño es sólo un sueño
Aún sabiendo que, tú, él, ella, los otros
Seres leales, sinceros y valientes
Es deseo mío y de los otros
Deseo de soñar sueños inertes.

Sherezade


12 de junio de 2010

A ti (que eres la otra)


Una palabra sola, desnuda, frágil, se desliza entre mis labios cincelando impredecibles deseos en la piel. Dirigida a tí que me ofreces tu espacio en un tiempo de íntimos ritmos, de búsqueda insaciable, extenso paisaje de profundidad azul. Un instante preciso, un momento creado y mi palabra que silenciosa entre las tuyas trata de encontrar su propio sonido, transparente y eterno, hasta descifrar el enigma de la voz.




9 de junio de 2010

La “otra” se llama Soledad


¿Hola que tal vieja amiga?

¿Te asombras porque te llamo amiga?, lo eres, y eres vieja también, tan vieja como yo.
Quizá tu rostro y apariencia haya cambiado con el tiempo, pero en definitiva naciste conmigo. Así eres tu, una vieja conocida y no siempre por mi aceptada.
¿Será que tienes mala propaganda? ¿O será que no supiste mostrarme las ventajas que tiene a veces tu presencia?

Te hablo ahora y de forma diferente a como te hablé otras veces, y seguramente no será la misma forma de hacerlo de ahora en adelante.
Ven anda, siéntate a mi lado, o mejor aún, permíteme sentarme en tu mismo sitio, quiero saber como se ve la vida desde ese lugar.
No me digas que nunca estuve ahí, claro que sí, muchas veces, casi todo el tiempo, pero no abría bien los ojos. Estarían nublados por las lágrimas, quizá buscando otra cosa y el paisaje que se mostraba no lo reconocía como propio.
Tienes varias caras Soledad, no eres siempre la misma, o será que te veo de maneras distintas. A veces eres un espacio de creación muy importante. Otras, afinas mis oídos y la melodía que escucho se hace más perceptible y me inunda dándole a mi ritmo interior un movimiento que no siempre ha sido triste.
Pero otras veces, Soledad, tu presencia es tan pesada, que me hundes en un abismo del que se me ocurre que no saldré nunca.

Pero deja que me siente a tu lado, toma mi mano, no serás siempre fría ¿verdad? Deja que te conozca, si tienes que ser mi compañía, déjame que te conozca.
Mírame a los ojos, que yo te miraré de frente.

No me afectará si eres fría, dura o distante. Sabré acortar el camino que me lleva a tu casa y en ella buscaré el rincón más seguro, más tranquilo y veré como se suceden los segundos de un minuto, los minutos de una hora y las horas de un día.
Déjame estar a tu lado, anda ven, quédate conmigo, tarde o temprano tendré que ser realmente tu amiga y prefiero no esperar más tiempo.
Aquí me quedaré callada y sabré que es lo que siento.
No te prometo nada, no sé si conseguiremos ser amigas, pero definitivamente no lograrás ser mi enemiga.

Siempre estaremos juntas.

8 de junio de 2010

La Misma

"El otro no existe y si existe no es más que en uno mismo"  
  Lacan

Ves el cielo tras las copas de los árboles. 
La luz, mudo juego de tiempo y movimiento. Verde el cielo nube verde nido de hojas. 
Expulsado tu cuerpo como un recién nacido se deja ir sin mayores resistencias. 
Ovillada en los instantes 
suspensa
me gusta sentir como sucedo.
Estás en lo único embrionario y perpetuo. Aquí los dioses se consumen en el fuego de la vivencia y  las cosas
siguen siendo “las cosas” esos otros bultos
siguen siendo “personas” esas otras sombras.
Larvada autoría de mis días
nido verde 
nube 
cielo de hojas.
Nací muerta ceniza fresca, fina y ósea, veo el cielo tras las copas de los árboles, azul mar tijera punzándome la frente, lágrima acerada, ovípara palabra. Ridículamente olímpica voy de la carne al espíritu y del espíritu a la carne, de la garganta cordillerana a los iracundos picachos ( o de la cólera refleja de los rascacielos hacia los valles mansos y sus ríos).

Se proyectan haces entre las copas
los troncos unidos por las sombras maraña de verdes negros
extraños restos fecundos
recortes
escorzos
arabescos
levemente inclinada la nuca, la boca un poco abierta
vas al cielo vuelves vas a las copas vuelves vas al humus vuelves 

vas al numen total y vacua
al jardín de cardenales con la virgen en la glorieta blanca, los pastelones, el maicillo, las sillas de tela rallada. La fotografía esa. Esa que tomé para descubrirme mas tarde. 

Hay algo entre ella y yo pletórico y sepulto.

Ver nacer mi cabeza descosida rodar hacia su cuerpo
ida en ecos me sueña placentaria y permanece pulpa entumecida en el foso de mi boca 
el silbido de su nombre duerme indescifrable
en mi urna duerme vertebral y blanda
en el amarillo endurecido de mi cáscara.

Salgo pujada e inducida

hacerte los trazos faltantes con el dedo de mi forma muerta.
Vemos las altas copas
los troncos interminables
cielo verde nube de hojas.

Entre ella y yo
algo que se reúne 
enterrado y vivo.
"A través del poema es posible, entonces, mirar los rostros de esos otros que viven en nuestro interior y hablar con ellos. Es el desconocido que camina a nuestro lado desde la infancia y del que no sabemos nada, salvo que es nuestra sombra (¿o nosotros la suya?)".
Ociel Flores respecto al concepto de Otredad de Octavio Paz