31 de agosto de 2010

La soberbia, protagonista de Agosto




Ella,

protagonista convencida de su mérito
se envanece
y piensa
lo que no se atreve a decir con la palabra:
soy más que una esbozada silueta,
más que el curvado vértigo
de unos trazos de líneas y sombras,
soy más que ese silencio
que el pintor tergiversa en la tela …
Soy desnuda intimidad
de la que nacen desordenadas pasiones
y celos.
¿Es esto ser soberbia?


Nos despedimos de la soberbia con sentimientos encontrados. La palabra soberbia tiene un acento deplorable y quizás por eso se le suele dar con frecuencia el nombre de orgullo, pues ¿no era Nietzsche quién catalogó a este sentimiento como algo virtuoso, algo superior? Se han escrito tanto y tan bellas palabras sobre ella, que se nos hace personaje necesario. Pero no nos equivoquemos, la soberbia es una dictadora empedernida que sabe distraer su carácter cuando habla en primera persona colocándose en un puesto que no le pertenece. Lo hace con la arrogancia –y sutileza- de quien se cree indispensable; así encontrará siempre excusas que justifiquen su comportamiento pués hay quien dice que no es soberbia la persona sino la idea que nace.

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29 de agosto de 2010

Oferta de trabajo: Se busca soberbio Manager o Político soberbio

Salvo en el sentido religioso (La soberbia forma parte de los 7 pecados capitales, invento de la iglesia) creo que la palabra soberbia hoy no forma parte del vocabulario de la gente.
En el diccionario de La Real Academia Española, encuentro entre otras, las siguientes definiciones:
Altivo, arrogante, alto, fuerte, grandioso, magnífico.
En ingles la palabra soberbia se traduce también como orgullo, sublime, fastuoso, ufano.
Y yo añadiría "gran nivel de auto-estima"
Todo ello cualidades necesarias para triunfar en el mundo de los negocios...
...de los negocios y en política.
¿O no?

Por cierto, la elección de la foto fue pura casualidad. Estaba en el periódico de hoy

LA MÁSCARA

Sentado en su nueva oficina, un abogado recién graduado esperaba su primer cliente. Al escuchar que la puerta se abría, rápidamente levantó el teléfono para hacer creer que estaba muy ocupado. El visitante pudo escuchar al joven abogado decir: 

-“Manuel, volaré a Nueva York para ver si resuelvo el caso del cliente aquel. Parece que esto va a ser algo grande y más difícil de lo que pensábamos. También necesitamos traer al experto americano, Mr. Craig, para que nos dé su opinión sobre este asunto tan importante”. Y, de pronto, interrumpió su presunta conversación con estas palabras:

-“Manuel, perdona, espera un momentito porque alguien acaba de llegar”. Y cortó. 

Dirigiéndose entonces al hombre que acababa de entrar, preguntó el abogado: -“Bien, ¿en qué puedo ayudarle?”. Con una gran sonrisa, entre pícara y maliciosa, el hombre contestó: -“Yo sólo he venido a instalar el servicio a su teléfono, señor”.

26 de agosto de 2010

Acerca de la soberbia

Muchos, sino todos, afirman que es mi madre. ¿Será?
Firma: La Ingratitud.

25 de agosto de 2010

Zen vs soberbia


A las lecciones del maestro Bankéi acudían no sólo estudiantes del Zen sino también personas de toda escuela y estamento. Él nunca citaba los sutra ni se entregaba a disertaciones escolásticas, sino que sus palabras salían directamente de su corazón al corazón de sus oyentes.

Lo vasto de sus auditorios irritó a un sacerdote de la escuela Nichirén, porque los adherentes de ella habían desertado para oír hablar del Zen. El sacerdote, tan centrado en su propio yo, acudió al templo, decidido a sostener un debate con Bankéi.

- "¡Eh, maestro del Zen!", prorrumpió. "Espera un poco. Los que te respeten podrán hacer caso a lo que tú dices, pero un hombre como yo no te respeta. ¿Puedes lograr que te haga caso?"

- "Ven junto a mí y te mostraré.", dijo Bankéi

Orgullosamente, se abrió paso el sacerdote entre la multitud para acercarse al maestro. Bankéi sonrió.

- "Ven, ponte a mi izquierda."

El sacerdote obedeció.

- "No", dijo Bankéi, "hablaremos mejor si tú estás a mi derecha."

El sacerdote, orgullosamente, se pasó a la derecha.

- "Ya ves", observó Bankéi, "me estás haciendo caso, y pienso que eres una persona muy amable. Ahora, siéntate y escucha…"

23 de agosto de 2010

SOBERBIA





Le pedí un sublime canto que endulzara
mi rudo, monótono y áspero vivir.

Él me dio una alondra de rima encantada...
¡Yo quería mil!

Le pedí un ejemplo del ritmo seguro
con que yo pudiera gobernar mi afán.

Me dio un arroyuelo, murmullo nocturno...
¡Yo quería un mar!

Le pedí una hoguera de ardor nunca extinto,
para que a mis sueños prestase calor.

Me dio una luciérnaga de menguado brillo...
¡Yo quería un sol!

Qué vana es la vida, qué inútil mi impulso,
y el verdor edénico, y el azul Abril...

¡Oh sórdido guía del viaje nocturno!
¡Yo quiero morir!

Porfirio Barba Jacob

22 de agosto de 2010

Por quitarle a la muerte su soberbia





Un amor absoluto, para el que no existe
primero ni último, golpea sobre el mundo:
en el más humilde y en el más soberbio
canta la canción del hombre.
Bajo las máscaras vacías e intermedias
un amor absoluto, para el que no existe
primero ni último, resuena escondido,
más allá de los gritos
y la apretada melodía de la desesperación.
Aún más allá. Es el eje íntimo y viviente
el que canta, el que musita las palabras
como un talismán sonoro,
una pedrada en la frente
de los desmoronados mundos.
Un amor absoluto,
para el que no existe
primero ni último,
anima estos silencios,
estas ficciones que tan sólo intento
por quitarle a la muerte su soberbia.

Luis Benítez

18 de agosto de 2010

La Soberbia, frases de famosos



Soberbia

La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano.
San Agustín (354-439) Obispo y filósofo.

Ruin arquitecto es la soberbia; los cimientos pone en lo alto y las tejas en los cimientos.
Francisco de Quevedo (1580-1645) Escritor español.

La naturaleza de los hombres soberbios y viles es mostrarse insolentes en la prosperidad y abyectos y humildes en la adversidad.
Nicolás Maquiavelo (1469-1527) Historiador, político y teórico italiano.

El oro hace soberbios, y la soberbia, necios.

La soberbia nunca baja de donde sube, porque siempre cae de donde subió.
Francisco de Quevedo (1580-1645) Escritor español.

Más fácil es escribir contra la soberbia que vencerla.
Francisco de Quevedo (1580-1645) Escritor español.

La soberbia es el vicio más frecuentemente castigado, y, sin embargo, el más difícil de curar.
Nicolás Tommaseo (1802-1874) Escritor y lingüista italiano.


Por Mery Larrinua

15 de agosto de 2010

EL GUZMÁN DE ALFARACHE



Si importante es reconocer la soberbia como uno de los pecados capitales  -incluso al margen de creencias-,  más importante aún es conocer su antídoto: la humildad, el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y obrar de acuerdo con este conocimiento.  

Más que un ejercicio de soberbia, la novela picaresca de Mateo Alemán  -un misántropo impenitente-    recoge las andanzas de un pícaro que confiesa sus andanzas, sus venturas y desventuras, a la edad madura. El relato, narrado por el protagonista como autobiografía, nos presenta también la cara moralizante del narrador adulto que reconoce y reprueba su vida pasada.

Además de una joya de la literatura española, por tanto muy recomendable su lectura, me sirve para reflexionar sobre el tema propuesto, la soberbia, ya que el endiosamiento y menosprecio de los demás, como muy bien dice el autor de El Gumán, ataca con dos dardos: la ira y la envidia. Todos tenemos algo de ángel y  de demonio, pero no olvidemos que el precio de la soberbia es la soledad, la cual es posible paliar con unas porciones de humildad.

14 de agosto de 2010

EL SOBERBIO


En realidad siempre había sido un pandillero, un joven fortachón y descarado con actitudes de líder que sometía a todos a su antojo y les obligaba a desempeñar sucias tareas para él. Era alto y fuerte, llevaba chupa de cuero y fumaba y bebía sin comprar tabaco ni alcohol. Tenía apariencia intimidatoria y abusaba dentro y fuera de su círculo imponiendo sus criterios por el simple gusto de humillar a todos. Provocador nato, cuando entraba al bar o al salón de juegos eran no pocos los que abandonaban el recinto con o sin excusas. Rehuido, temido, todos guardaban recelo ante él, todos tomaban precauciones de su prepotencia y descaro.

Cierta noche, lúgubre como la boca de un lobo, le salió al paso una hoja de acero que le atravesó el abdomen con silencio ardiente de hielo. No hubo repetición, una sola cuchillada. El atacante desapareció con el mismo sigilo con el que había salido a su paso desde las sombras. El Soberbio trataba de sujetarse con sus manos las entrañas al tiempo que gritaba de dolor. Cuando recuperó la conciencia y se vio solo y medio sonámbulo en aquella sala de hospital, sintió una mezcla de miedo y rabia y lloró su suerte. Una pequeña monja, de edad avanzada y de caminar almohadillado se acercó por el costado de la cama y le secó las lágrimas con un pañuelo de papel que desplegó de su bolsillo. En ese instante cambió de actitud y, tragándose el dolor y el miedo, bufó:¡Haré de él una hamburguesa! ¿De quién?  -le preguntó la hermanita- ¿No oíste  -prosiguió-  que quien a hierro mata a hierro muere? Le respondió creciéndose: ¡No ha nacido todavía quien se atreva a medirse conmigo! No hace falta que sobreactúes  -le respondió la monjita-,  te he visto llorar hace unos instantes; nadie conoce como tú mismo tus debilidades, aunque te revistas de una concha de prepotencia y vanagloria. Te miras en el espejo y te crees un león, pero El Más Grande se hizo el servidor de todos y dijo: "El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor. Como vio que no se había dado por enterado, elevó la cama para que pudiera ver a través de la ventana y le dijo: ¿Ves esos naranjos del patio? Cuando un árbol no tiene frutos, sus ramas están enhiestas, altivas, arrogantes como si se sintieran superiores al resto; en cambio esos naranjos cargados de apetitoso fruto dobla sus ramas hasta casi tocar el suelo. ¿Te sigues creyendo el mejor? También dijo el maestro: El que se ensalza será humillado.

6 de agosto de 2010

La soberbia del arbol, una leyenda Tibetana


Dicen que hace muchísimo tiempo a los árboles no se les caían las hojas Y sucedió que un anciano iba vagando por el mundo desde joven, su propósito era conocerlo todo. Al final estaba muy pero que muy cansado de subir y bajar montañas atravesar ríos, praderas y andar y andar

De manera que decidió subir a la más alta montaña del mundo, desde donde, quizás, podría ver y conocerlo todo antes de morir.

Lo malo es que la montaña era tan alta que para llegar a la cumbre había que atravesar las nubes y subir más alto que ellas. Tan alta que casi podía tocar la luna con la mano extendida.

Pero al llegar a lo más alto, comprobó que solo podía distinguir un mar de nubes por debajo suyo y no el mundo que deseaba conocer.

Resignado decidió descansar un poco antes de continuar con su viaje.

Siguió andando hasta que encontró un árbol gigantesco. Al sentarse a su gran sombra no pudo menos que exclamar:
—¡Los dioses deben protegerte, pues ni la ventisca ni el huracán han podido abatir tu grandioso tronco ni arrancar una sola de tus hojas!
—Ni mucho menos, —contestó el árbol sacudiendo sus ramas con altivez y produciendo un gran escándalo con el sonido de sus hojas—, el maligno viento no es amigo de nadie, ni perdona a nadie, lo que ocurre es que yo soy más fuerte y hermoso. El viento se detiene asustado ante mí, no sea que me enfade con él y lo castigue, sabe bien que nada puede contra mí.
El anciano se levantó y se marchó, indignado de que algo tan bello pudiese ser tan necio como lo era ese árbol.

Al rato el cielo se oscureció y la tierra parecía temblar
Apareció el viento en persona: —¿Qué tal arbolito? —rugió el viento—, así que no soy lo bastante potente para ti, y te tengo miedo? ¡Ja, ja, ja!
Al sonido de su risa todos los árboles del bosque se inclinaron atemorizados.
—Has de saber que si hasta ahora te he dejado en paz ha sido porque das sombra y cobijo al caminante, ¿No lo sabías?
—No, no lo sabía.
—Pues mañana a la luz del sol tendrás tu castigo, para que todos vean lo que les ocurre a los soberbios, ingratos y necios.
—Perdón, ten piedad, no lo haré más.
—¡Ja, ja, ja, de eso estoy seguro, ja, ja ja!

Mientras transcurría la noche el árbol meditaba sobre la terrible venganza del viento. Hasta que se le ocurrió un remedio que quizás le permitiese sobrevivir a la cólera del viento.
Se despojó de todas sus hojas y flores. De manera que a la salida del sol, en vez de un árbol magnífico, rey de los bosques, el viento encontró un miserable tronco, mutilado y desnudo.

Al verlo, el viento se echó a reír, cuando pudo parar le dijo así al árbol:
—En verdad que ahora ofreces un espectáculo triste y grotesco. Yo no hubiese sido tan cruel, que mayor venganza para el orgullo que la que tu mismo te has infringido, de ahora en adelante, todos los años tu y tus descendientes, que no quisisteis inclinaros ante mi, recuperarás esta facha, para que nunca olvidéis que no se debe ser necio y orgulloso.

1 de agosto de 2010

SOBERBIA




Le pedí un sublime canto que endulzara
mi rudo, monótono y áspero vivir.

El me dio una alondra de rima encantada...
¡Yo quería mil!

Le pedí un ejemplo del ritmo seguro
con que yo pudiera gobernar mi afán.

Me dio un arroyuelo, murmullo nocturno...
¡Yo quería un mar!

Le pedí una hoguera de ardor nunca extinto,
para que a mis sueños prestase calor.

Me dio una luciérnaga de menguado brillo...
¡Yo quería un sol!

Qué vana es la vida, qué inútil mi impulso,
y el verdor edénico, y el azul Abril...

¡Oh sórdido guía del viaje nocturno!
¡Yo quiero morir!


Porfirio Barba Jacob

La Soberbia

A petición de Pilar Moreno publico el post de apertura de su tema propuesto para este mes de Agosto.



La Soberbia
"Aunque no nos pertenece siempre está cerca, disponible y ávida, con máscara de saber estar. 
Un centelleo delata su presencia intensa, y un sonido diferente proclama absurdos límites, sin trabas y sin razón. 
Su universal figura no admite balanceos filosóficos ni acercamientos, pero es exceso palpable de transfondos encumbrados, y su presencia arma doblemente afilada, que hiere a quien no pertenece. 
No arrebata voluntades, las cercena."