cómplice de estupor.
Lamentaban dos dulces rascacielos
la morena razón de su desgracia,
bajo el sol del invierno. Mi ciudad
escuchaba en su voz la ineficacia
de un amor que vencido por los celos
otorga duelo y quita libertad.
Tú, lector de esta Edad,
confundido en la masa,
que al regresar a casa
del trabajo, sin ninguna ilusión,
te detienes un punto en la estación
del Metro, o tú que vuelves con la prensa,
triste de corazón,
en un sucio autobús sin recompensa;
tú, irascible lector, que por la prisa
y a causa de Rutina ya no sientes
querella ni motín, si has olvidado
lo sabio que fue ser adolescentes
con tentación de amor y de sonrisa,
escucha el lamentar desconsolado,
el trágico cuidado
de estos dos edificios,
que perdieron juicios
para ganar entrañas y fatiga
-a pesar de ser hierro, piedra, viga-
por una Ninfa ingrata. Los olvidos
de su dulce enemiga
te confían, lector, enternecidos.
Primer rascacielos
Yo, que araño este cielo,
que en nubes vivo sin vivir vasallo
del trueno enorme y del tremendo rayo,
porque con mi pañuelo
al sol entre las lluvias doy consuelo;
yo que a las soledades
de la noche traiciono, pues en ella
hago con mis ventanas una estrella
y en las ambigüedades
de su luz se adormecen las ciudades;
yo, espada de cemento,
sufro la esclavitud de una princesa
urbana, que las calles atraviesa
más ligera que el viento,
negada más que piedra al sentimiento.
. . .
Luis García Montero
Tan presente está en este poema de García Montero la Égloga I de Garcilaso, que usa el mismo subgénero, con versos endecasílabos y heptasílabos, pero ha cambiado a los dos idílicos pastores por dos rascacielos. Sin duda se trata de un homenaje admirativo al insigne Garcilaso de la Vega.

Formidable comparación.
ResponderSuprimirPues nunca una princesa fue tan visitada, elogiada y mimada, quizá una esclava del cemento, pero princesa al fin. Conoci las torres gemelas el año 1982 y es la imagen que más grabada tenía de New York, más que el empire state.
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