Foto Angélica Mora
Angélica Mora
Me he puesto a construir
un castillo en la playa.
He usado pequeñas conchas
y mucha agua y arena.
Y creo
que
-lo que he levantado-
ha valido
hasta ahora
la pena.
Tiene un atalaya
un foso y un puente.
Y pequeñas torres
donde viven gráciles princesas.
Damiselas que no tienen
ninguno de mis problemas.
Salvo,
peinarse las largas trenzas
para que sus príncipes
puedan escalar
y llegar a ellas
sin ningún dilema.
II
Lo malo
es que presiento
que viene una tormenta.
(Negras nubes soplan su aliento
y las empujan fuerte
hacia mi lado el viento).
Harán peligrar
mi frágil castillo,
según
alguien me lo comenta.
Miro, pero no veo nada,
solo lo suave de la arena
que con mis dedos tiento.
Tibia,
con pequeños tesoros
que junto
al castillo agrego
ahora muy lento...
De pronto,
comienza a caer
una fina lluvia.
Agua
que es absorbida
rápido por la arena.
A la que se agregan
otras gotas raras.
Lágrimas
que caen
una a una
luego de deslizarse
por mi cara.
Y estas
resbalan
y se mezclan
veloz
en la arena.
Caen
con fuerza
sobre el atalaya,
(que de poco sirvió
porque
no anticipó
nada malo en la playa).
Golpean
-como martillos-
el foso, el puente,
las torres
las princesas
y el entero castillo.
Y todo lo deshacen
y lo vuelven
de nuevo arena.
Destruyen
más pronto
que lo que la lluvia
se atreve.
Y es ese
peso enorme
de pena
lo que la arena
ahora
rápido bebe.
Me he puesto a construir
un castillo en la playa.
He usado pequeñas conchas
y mucha agua y arena.
Y creo
que
-lo que he levantado-
ha valido
hasta ahora
la pena.
Tiene un atalaya
un foso y un puente.
Y pequeñas torres
donde viven gráciles princesas.
Damiselas que no tienen
ninguno de mis problemas.
Salvo,
peinarse las largas trenzas
para que sus príncipes
puedan escalar
y llegar a ellas
sin ningún dilema.
II
Lo malo
es que presiento
que viene una tormenta.
(Negras nubes soplan su aliento
y las empujan fuerte
hacia mi lado el viento).
Harán peligrar
mi frágil castillo,
según
alguien me lo comenta.
Miro, pero no veo nada,
solo lo suave de la arena
que con mis dedos tiento.
Tibia,
con pequeños tesoros
que junto
al castillo agrego
ahora muy lento...
De pronto,
comienza a caer
una fina lluvia.
Agua
que es absorbida
rápido por la arena.
A la que se agregan
otras gotas raras.
Lágrimas
que caen
una a una
luego de deslizarse
por mi cara.
Y estas
resbalan
y se mezclan
veloz
en la arena.
Caen
con fuerza
sobre el atalaya,
(que de poco sirvió
porque
no anticipó
nada malo en la playa).
Golpean
-como martillos-
el foso, el puente,
las torres
las princesas
y el entero castillo.
Y todo lo deshacen
y lo vuelven
de nuevo arena.
Destruyen
más pronto
que lo que la lluvia
se atreve.
Y es ese
peso enorme
de pena
lo que la arena
ahora
rápido bebe.

hermoso y vamos con otro dia
ResponderSuprimirEcos de Ubeda... mil gracias
ResponderSuprimirTodo castillo de arena, toda obra efímera es, por encima de todo, un sueño mágico. Saludos, Angélica.
ResponderSuprimirGracias Francisco,
ResponderSuprimirtu me diste ese empujoncito hacia la poesía que yo tenia escondida ¿recuerdas?, con mi Romero...
Ni la magia de un hermoso poema sobre princesas encantadas, ni las mas enormes atalayas pueden impedir que se destruya lo construido cuando llega la pena...las olas del mar como las lágrimas, ambas son saladas...lindo y triste a la vez tu poema
ResponderSuprimirMe encanta que hayas utilizado dos registros tan completamente opuestos: la fantasía y la realidad, ambas pueden estar determinadas por la magia, y tú has sabido fusionarlos muy bien en este escrito que realmente me ha hecho imaginar cómo el agua, o las lágrimas arrastraban la ilusión de tu castillo de arena, habitado por pequeñas princesitas en forma de conchas y caracolas. Me ha gustado mucho.
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