
¿Magia? La magia la hacían en casa de Marcelo, el de la luz.
Marcelo y su mujer tuvieron ocho hijos ocho: cuatro varones y cuatro hembras, casi en perfecta "cremallera", como en las listas de los candidatos de los partidos políticos de ahora (entonces, claro, no los había...)
Marcelo, su mujer y sus ocho hijos vivían en un pisito mediano; una planta baja con un pequeño patio que algo de desahogo iba sirviendo.
Pero no sólo ellos...
También vivían allí los padres de Marcelo y los padres de su mujer, como en esa peli de Johnny Deep: "Charlie y la fábrica de chocolate", donde los cuatro abuelos dormían en la misma cama. Los amigos nunca sabíamos quién era quién.
Según iban naciendo los hijos, se iban añadiendo puertas, techados y nuevos tabiques al patio, para crear nuevas habitaciones, hasta que terminó por desaparecer del todo aquel patio que, una vez, incluso tuviera macetas.

Y las pequeñas nuevas habitaciones se iban llenando de literas (las primeras que yo vi...)
Los hijos medianos de Marcelo, el de la luz, eran más o menos de mi edad, y allá que íbamos a jugar todos al aro, a la pelota o a los americanos.
Un día, en la habitación de la entrada de la casa de Marcelo, jugábamos con una pelota gorda de goma y yo me cargué unos cristales del aparador.
La mujer de Marcelo, la pobre, llegó irritada, con su voz que apenas le salía del cuerpo, de tanto parir y de tanto coser para ayudar al sueldo del marido que, a su vez, se ayudaba vendiendo seguros y enciclopedias; no sé cómo le quedaba tiempo para tanto niño.
A lo que íbamos: tras el pelotazo, desbandada de niños. Y yo que voy y me oculto debajo de la altísima cama de matrimonio, escenario de tanto y tanto.
Y allá que noto un tremendo olor y una blandura pegajosa: el "fruto" de uno de los pequeños, que se había cagado allí oscurito y tranquilo.
Yo que salgo, más avergonzado por la mierda adherida a mis manos y ropa que por los cristales rotos.
De los demás, ni rastro.
Y la pobre madre que ya no se atreve ni a regañarme:
-Anda, vete, que ya tu madre te apañará...
Y casi siempre en la calle, jugando a la lima en las calzadas de barro.
Y ocho niños palante, con un sueldo solo; y todos decentes y con sus estudios.
Y entonces no había tantos canales en la tele, ni playestechons ni nada de eso: los niños, casi siempre en la calle.
Claro, que entonces no circulaba tanto coche como ahora. Y eso sí que era magia, también.
Hola, amigo.
ResponderSuprimirEsta magia tan magníficamente expuesta es la crónica del día a día de tantas familias...
Un abrazo mágico, y feliz año
Me quedé atrapada por tu relato y el lenguaje que usas; también por el sutil humor que se pasea entre líneas, porque la realidad de estas vidas es cruda y sin embargo en los bajos fondos de la humanidad brota la picardía e incluso el genio. Ni hablar, claro está, que solamente la magia es capaz de sostener el mundillo que muestras. Felicitaciones.
ResponderSuprimirEn mi pueblo también había una familia así. Mientras los hijos fueron pequeños nadie supo como sobrevivieron, el padre hacia chapuzas aqui y allá, cuando los hijos tuvieron edad de trabajar la situación cambió radicalmente.
ResponderSuprimirMuy buen relato hasta con una pizca de humor para que no resulte demasiado trágico.
Un saludo
Pues si, eso es magia pura, sin aditivos.
ResponderSuprimirEsa magia me trae recuerdos de mi niñez, porque yo también jugaba a la lima, y al truque y al gua (las canicas), al rescate, al pañuelo, y a muchos juegos mas, eso si, de los de estar en la calle, solo teniamos TVE y poco después, los mas agraciados el UHF.
ResponderSuprimirbesos
que lindos recuerdos traes a mi mente, esa es la magia del amor materno que todo lo conserva bueno y hace crecer en salud, me gusta tu humana forma de escribir la vida doméstica, saludos y buen año
ResponderSuprimirExcelente relato, ¡cuantas añoranzas!
ResponderSuprimirBuena tarde
¡Muy buen relato! Un relato que habla de una familia de tantas, de una vida sencilla y dura, pero vivida con la alegría de lo inevitable.
ResponderSuprimirUna historia encantadora. Delicioso himor transita por tus letras. ME GUSTÓ MUCHO. Saludos cordiales.
ResponderSuprimirmiles de gracias querido y admirado amigo por regalarnos tan bella magia, muchos besinos y deseo que esta noche de reyes magos impregne tu corazón de amor, paz y felicidad
ResponderSuprimirLe has puesto magia a la crudeza de la vida!!
ResponderSuprimirun gusto leerte!!
Mis mejores deseos.
ResponderSuprimirQue este 2012 este lleno de mucha Salud, amor y éxito.
MONSERAMI
Creo en la magia.
ResponderSuprimirMe ha gustado leer tu relato sobre las vivencias cotidianas de esta familia
ResponderSuprimirEn una hoja en blanco escribo
un bello día de cumpleaños,
un amanecer de ilusiones,
y un año más de vida,
que con placer comparto.
En Mis caricias del alma
he dejado un trozo de tarta
y un sencillo detalle,
para celebrar este día
con la calidez de tu alma.
María del Carmen
¡Muy buen relato!Mis mejores deseos para este nuevo año que se inicia, y la promesa de visitarte más seguido.
ResponderSuprimirUn abrazo.
Me ha gustado mucho el relato, reflejas en el a muchas familias en las mismas circunstancias...
ResponderSuprimirFeliz 2012
un abrazo
Magia pura la de estirar un sueldo escaso...
ResponderSuprimirmagia pura la que sale del corazon para darle a tantos y tantos..
me voy contentita despues de leer este relato...bss
Magia porque ya no se volverán a ver niños en la calle teniendo las maquinitas; lástima que yo me perdiera parte de esa magia... de familias y familias llenas de hijos y de camas y de juegos y animalitos, como lo vivió mi mamá.
ResponderSuprimirBonita manera de enfocar la magia, un tema tan amplio y misterioso, con el humor del que nos tienes acostumbrados :)
...magia que nos hace soñar...recordar...
ResponderSuprimirun abrazo